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Cordal

Uno por uno íbamos caminando. Sin querer hacíamos una fila, no muy derechita, pero una fila. Recuerdo los hombros del de enfrente y el de atrás recuerda los míos —me lo dijo unos días más tarde—. No sé si hacía frío, pero el cielo era gris. Creo que era de madrugada. Cuando respiro profundo todavía siento la humedad en el pecho. Cuando es de madrugada, ¿es de día o es de noche? Sigo pensando en esos minutos a la intemperie, me aterran. Pero cierro los ojos y me dejo caer en ese recuerdo; eso me calma. Sucumbir es una forma de resurgir. ¿Qué hacíamos ahí? No lo supimos nunca. Su mano tocó mi hombro en un instante en el que todo se volvió seguro en el universo. Mi cuerpo se hizo huesudo de inmediato sólo para dejar que la carne de sus dedos brillara. Estiré mi brazo lo más que pude y me encontré con un hombro ajeno que me salvaba. Lo toqué sólo para saber que estábamos ahí. La fila se convirtió en cadena y estábamos juntos. Seguimos avanzando.

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Ruth Brenes
Escritora. Mar de nervios en esta carne contrahecha. Sentir, sentir, sentir. Y de ahí pensar. Y así decir. Y en todo eso vivir. Vivo colgada de la parte baja de la J en la palabra ojalá.
Ilustradora. El color es una constante en mi trabajo. Algo tan cotidiano, para mí se transforma en un algo único, ilimitado, sin horizontes visibles, en algo infinito que puede introducirse en un formato simple como el papel. Desde mis emociones más íntimas hasta mis estados de ánimo están contenidos en los trazos, los únicos a los que no puedo mentir ni engañar. De ahí que cada pieza tenga un énfasis particular en cada trazo, en cada mancha, en cada rayón, en cada línea, aunque tengan la apariencia de un accidente. Cada accidente está premeditado. La experimentación con los materiales es otro recurso que uso para destacar detalles. No tengo un tema específico pero me gusta dibujar mujeres y gatos o un híbrido de ambos; la mayoría de las veces dibujo lo que imagino. Todas mis ilustraciones guardan una parte de mí: en ocasiones, secretos e historias no contadas, sueños e invenciones de personajes que no podrían existir en otro lugar más que en mis trazos y mente. Sin embargo, todas están siempre abiertas al público para dar pie a que cada espectador pueda crear su propia historia, sus propios personajes, para que inicien una nueva narrativa. A la edad de 24 años, soy egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas –de la Licenciatura de Diseño y Comunicación Visual– y de la Academia de San Carlos con un Diplomado en Arte Contemporáneo. Actualmente me dedico a la ilustración y la docencia.

No pares, ¡sigue leyendo!

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