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El ánimo ciego

Una cara, todas las caras. Como si todos los días te toparas con caras de asiáticos: las mismas facciones, diferentes ficciones.

Los dientes separados, las palabras bien acomodadas; tanto, que por ese hueco se escapa lo que entre líneas aparece.

Tus errores, tus fallas, tus pecas. Mis pecas y lunares. Los unes, imaginas figuras, constelaciones…

La epidermis expuesta. Un cuerpo lampiño como último eslabón de la evolución. Vellitos que me protegen. Mi suéter puesto encima de la cabeza, la misma cabeza, la cabeza en sí. Cubrir la cabeza para mantenerla fría. Ya tengo hambre.

Otra vez es de día. El mismo ritual. Aquí lo que menos cuenta son las decisiones viscerales.

Escritora. Escribe para no olvidar(se). Escribe recordando que las letras divagan entre libros e imágenes, por eso se apresura a aprehenderlas. Escribe porque le atraen los instantes. Escribe porque le desespera esperar. Escribe aunque su letra sea todo menos bonita.

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No pares, ¡sigue leyendo!

Escurridiza

Aparato

La abuela… Cuando tenía cuatro meses de nacida, dice, se le cayó al bisabuelo y se rompió un dedo del pie (dice que…

El encuentro

Esperanza

Ahí estaba de nuevo frente a ella, como si los años hubiesen transcurrido sin transcurrir. Otra vez ese gran amor, siempre joven, siempre…

Descifrar la niebla.

Amor y amistad

Poco quedaba por hacer, la ciudad era una ruina que dejaba testimonio de un esplendor lacerado. Sus habitantes preferían aquellos despojos de adobes,…

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