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A mis poemas

para Jéssica

¿Por qué no he escrito el poema
que haga que las personas al leerlo
se quiten la ropa?
Todos los campos se tornen azules
y el amor vuele como cocuyos por el aire.
Los carros se paren a ver el amor
como se paran frente a un accidente.
De una sílaba se borren todas las tristezas
y el amor sacie el hambre
de todos los edificios y los animales más pequeños.
¿Por qué no lo he escrito? ¿¡Es acaso tan difícil!?
Si yo he peinado los campos con belleza,
si me he bañado de la embriaguez de los árboles
de flores. Si he hecho mi hermana a la poesía
y a los sauces más ancianos mis mejores amigos.
Si yo he botado las turquesas a la imaginación,
por los fresnos y los lagos enroscados de frío.
Si he tomado las flores y las hojas
reverenciando las melodías de mi amor.
¡Queridas mías! Ustedes pueden decir
que en la distancia les he amado,
como el otoño más alegre.
¡Pero mis poemas! Si los he paseado
hasta altas horas en motocicleta.
Si querían ir a la playa o a las montañas
yo los he llevado, si querían llorar,
les he brotado todas las estaciones.
Queridos, ustedes no me aman, me creen un loco
y como un loco desde ahora los regalaré a todas las muchachas,
para que lloren, para que amarren a su estrella,
para que entren en calor entre sus pechos
y nunca, nunca, nunca los olviden, nunca.

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Me enseñaron a escribir y a contar desde los tres años con ayuda de naipes, corcholatas de colores y revistas de ciencia. Mi televisión (de esas grandotas de madera ) no se veía, así que tenía que imaginarme lo que sucedía adentro, ¡oh imaginación! La poesía es como un sol, adentro, único y salvado: respirar de sus manos amigas, como de pájaros azules que se vuelan por el cráneo, pisar el pasto seco y el aroma acuarela de los mercados, decir con sus jaulas las negras olas desnudas que me toman por el brazo; el sol ondula por encima, como un pálido disco blanco enjuagado. Cuando no trabajo en mi laboratorio me gusta salir a caminar mucho y visitar el océano, ¡ah! y los efectos psicodélicos de las guitarras jaguar. Me gustan las puertas viejas y vencidas, los paseos sin sentido y el viento en la cara cuando voy en moto. No me gusta cortarme el cabello.
Ilustrador. Lo que nos da la propiedad de reyes o reinas es la vida misma y el hecho de que la vivamos personal e individualmente aun cuando sabemos que somos parte de un todo, aun cuando en los momentos más oscuros nos consuele saber que nuestras oscuras preguntas estén en la mente / espíritu / alma / esencia de otros. Esa virtud innata de vivir es fuertemente enriquecida con la virtud de dar vida, de ser nosotros mismos canales para la creación de nuevos mundos que se impongan a la cuestionante y finita realidad. Es allí donde creo confluir con este proyecto de creación colectiva, donde los ríos se cruzan aumentando su caudal para simplemente seguir irrigando (sí, también, por qué no, hasta llegar al mar).

No pares, ¡sigue leyendo!

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