Mecido por la inmensidad forrada de voces azules juego a hacer sombras luminosas sobre el mar.
Mis dos manos izquierdas me restauran.
No pares, ¡sigue leyendo!
Si es rico aunque sea tantito, y no me vengan con que no les gusta, porque la parchanga es la parchanga, el gusto…
¡Vuelve a tocar esa canción! Una voz en off parecía comandar la función de esa noche. En cabina daba la impresión de que…
Soy el acreedor del último suspiro de mi abuelo. En la habitación ronca, en la afónica penumbra, dos tías porcelanosas que olían a…