Dos estrellas cayeron del cielo un día. Estaban en lo más alto y sus descensos fueron vertiginosos. Eran de mundos diferentes y opuestos, por lo que no se conocían entre sí. Sus ojos echaron chispas cuando finalmente se encontraron, admiraron sus pieles blancas y sus cuerpos perfectos. Él solía cantar sobre el amor y su proceder era muy recto, ella actuaba de manera muy correcta, era hermosa y solía llorar con facilidad, por lo que todos la amaban. Cometieron errores y fueron expulsados por los amos y señores. Aún traían residuos de su brillo y juntos volvieron a brillar de nuevo. Ambos decidieron echarse el polvo que los elevaría de nuevo hasta insospechadas alturas. Se supo en todo el universo y por ello a cada uno lo contrataron de nuevo en su respectiva televisora. Después de eso se veían muy ocasionalmente para echarse otro polvo y hablar sobre España, tierra de donde por cierto, ambos eran originarios.
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Apología de la confusión
I. Últimamente discutíamos por todo. Hablábamos de nada. Nos contábamos una y otra vez aquellos pasos mal dados, las vueltas a una cuadra…
Sin nombre
Mecido por la inmensidad forrada de voces azules juego a hacer sombras luminosas sobre el mar. Mis dos manos izquierdas me restauran.
Nostalgia de la idea de hogar
Sendas de Thó Escucha el croar de la luna el bosque entero se ha cubierto de emoción. (No lea usted Khôra, lea a…
Salud
Bajó el vaso. Parpadeó dos veces y recorrió con la mirada a esos que llamaba amigos. La luz de la sala se tornó…




