Dos estrellas cayeron del cielo un día. Estaban en lo más alto y sus descensos fueron vertiginosos. Eran de mundos diferentes y opuestos, por lo que no se conocían entre sí. Sus ojos echaron chispas cuando finalmente se encontraron, admiraron sus pieles blancas y sus cuerpos perfectos. Él solía cantar sobre el amor y su proceder era muy recto, ella actuaba de manera muy correcta, era hermosa y solía llorar con facilidad, por lo que todos la amaban. Cometieron errores y fueron expulsados por los amos y señores. Aún traían residuos de su brillo y juntos volvieron a brillar de nuevo. Ambos decidieron echarse el polvo que los elevaría de nuevo hasta insospechadas alturas. Se supo en todo el universo y por ello a cada uno lo contrataron de nuevo en su respectiva televisora. Después de eso se veían muy ocasionalmente para echarse otro polvo y hablar sobre España, tierra de donde por cierto, ambos eran originarios.
No pares, ¡sigue leyendo!
Una mañana
Un instante que se perpetúa en la conciencia física de tener orejas. Sorber los mocos hechos agua en una nariz que no hace…
La sima
El primer tramo del descenso fue ordinario. Pronto la penumbra y la marea, ajenas a las parvadas de estrellas, cobraron autonomía. Pero el…




