Dos estrellas cayeron del cielo un día. Estaban en lo más alto y sus descensos fueron vertiginosos. Eran de mundos diferentes y opuestos, por lo que no se conocían entre sí. Sus ojos echaron chispas cuando finalmente se encontraron, admiraron sus pieles blancas y sus cuerpos perfectos. Él solía cantar sobre el amor y su proceder era muy recto, ella actuaba de manera muy correcta, era hermosa y solía llorar con facilidad, por lo que todos la amaban. Cometieron errores y fueron expulsados por los amos y señores. Aún traían residuos de su brillo y juntos volvieron a brillar de nuevo. Ambos decidieron echarse el polvo que los elevaría de nuevo hasta insospechadas alturas. Se supo en todo el universo y por ello a cada uno lo contrataron de nuevo en su respectiva televisora. Después de eso se veían muy ocasionalmente para echarse otro polvo y hablar sobre España, tierra de donde por cierto, ambos eran originarios.
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