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Enamora/miento

El sol había llegado a la era en que cuerpos, celestes y humanos, desequilibraron sus cargas negativas y positivas. Para nivelar los sentimientos, las personas se hacían incrustar chips en el músculo enrojecido de su pecho.

Davo, estatura media y ojos grises, creía que chips y botones eran reminiscencias de una época en la que el alma era como una pared impregnada de ideas y sentimientos de los que ahora debían protegerse para no perder el poco impulso energético que aún les quedaba.

Lucy, tez color miel y cabello rojizo, quería tener una historia de amor que contar, por lo que Davo y ella, al poco tiempo de conocerse, se implantaron chips. Una luz en sus miradas indicaba que los dispositivos estaban encendidos y en perfecto funcionamiento.

Después de un tiempo la luz de Davo parpadeaba como una estrella lejana, pero el defecto de fábrica parecía no entorpecer lo que sentía. Lucy sabía que algo andaba mal, ese chip se había averiado hace tiempo. Se preguntaba si podría ser posible que en el cuerpo de Davo se estuviera dando el caso extraño de enamoramiento real.

En la mente de Lucy se cavilaban arrumacos y ternuras  de permanencia a voluntad. El abismo de posibilidades le daba vértigo.

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Érika Anallely
Escritora. Escribe para no olvidar(se). Escribe recordando que las letras divagan entre libros e imágenes, por eso se apresura a aprehenderlas. Escribe porque le atraen los instantes. Escribe porque le desespera esperar. Escribe aunque su letra sea todo menos bonita.
Escritor/Ilustrador. Diseñador gráfico alma vendida, hedonista de bolsillo vacío, activista de la pereza y los vicios solitarios, nacido en tierra de nadie Santiago de Cali, prosperó en la vida alegre y fue criado en modo experimental, casi como un hámster de ritmos tropicales, con la ternura y los dientes necesarios para dar un par de puñaladas de cariño y el justo pelito afelpado de la embriaguez. Cree que el juicio es una trampa, la cerveza es una dicha y el humor confunde al tiempo; cree que el dinero es para los amigos, los genitales para el viento tibio y un vaso de licor con hielos para mantener el equilibrio en cualquier ocasión que valga la pena. Dibuja desde siempre, con disciplina de borracho -tinta y mugre- y nunca termina nada, no sabe de finales ni de principios ni de la ciencia exacta del éxito. Pero sabe caminar por ahí, encontrando compinches que han iluminado las vueltas de su vida, y le escuchan sus teorías de viejo impertinente, iconoclasta y prostático, a cambio del poco tiempo que nos queda. Amén.

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