Tengo tu rostro tan cerca. Tan cerca que tu aliento entra en mi nariz. Yo miro hacia arriba, sólo está tu cara llenando mis ojos. Esta mirada está hecha de tenerte tan cerca. La calma, dicen, es el ojo del huracán. Y ahí estamos provocándolo. Estos cuerpos que se sofocan, que se entretienen, que se estrujan y que son ojo de agua en una, dos, tres, cuatro, cuántas contorsiones. Yo voy y vengo. Contigo. Tú vienes y vas y vienes. Conmigo. En un preciso arrebato estamos hechos de caricias. Estamos hechos de charcos. Tengo tus ojos sobre mí. Soy el camino que la palma de tu mano recorre. Y en ese alboroto de manos, de pies, de caderas que condensan todo lo que un cuerpo puede ser, nos sobreviene un silencio absoluto. Nuestros nombres se cruzan y rompen todo. La calma se colapsa sobre sí misma como un vidrio estrellado. Es el ojo del huracán.
Ruth Brenes
Escritora. Mar de nervios en esta carne contrahecha. Sentir, sentir, sentir. Y de ahí pensar. Y así decir. Y en todo eso vivir. Vivo colgada de la parte baja de la J en la palabra ojalá.
Una mañana
Un instante que se perpetúa en la conciencia física de tener orejas. Sorber los mocos hechos agua en una nariz que no hace…
Autorretrato
Cada vez, otra vez, y entre una y otra ángulos distintos. Cuántos contornos tiene un cuerpo, un ojo, una cabeza –adivina, descubre, parpadea–…
De ayer y hoy
Pompeyo toma sus herramientas y sale de su casa a las 7 a. m. Descansa afuera de Catedral junto a sus compañeros como…




