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Falanges

Las manos frías. Tengo los pies fríos. Hay gente que intenta salir de China por las montañas y en el viaje se les congelan los dedos de pies y manos y se les caen sin que se den cuenta. Si pierden sólo uno tienen mucha suerte.

Estoy bajo las cobijas y pienso en esos dedos perdidos, todos esos huesos que arqueólogos del futuro encontrarán por aquí y por allá pensando que ahí quizá se hacían ritos para algún dios, o sacrificios sagrados.

Pensar que esas falanges repartidas sólo son testigos de nuestra injusticia, de la necesidad de los hombres por nombrar las tierras y aprisionarnos en ellas con sentidos de identidad. Me da gusto pensar que al menos más adelante nadie sabrá de nuestros vergonzosos actos. La gente de esos tiempos se dedicará a inventarnos dioses de las nieves y pueblos paganos que los adoraban. Y creerán que éramos sabios.

Al menos el tiempo nos perdona la inmundicia.

 

Ilustradora. Conejo con disfraz humano; el disfraz se dedica a comer, dormir y cagar. Como actividad extracurricular hace teatro, danza, yoga, escribe y pinta… Pero el conejo Randy sólo tiene dos preocupaciones en la vida: que no se acabe el agua y que no se extingan las abejas. Por lo demás, sabe del apocalipsis venidero y lo toma con la mejor filosofía taoísta: aprender a desaprender, guardar silencio y esperar.

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