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Geografía de la locura

Si se le mira desde arribadigamos que con mirada de pájaro, el territorio se antoja próspero, resistente y divertido. Pero una vez allí, cuando uno se encuentra sin saber muy bien por qué o cuándo y de qué manera fue que llegó a esa región, se descubre que su suelo es movedizo, un cauce inquietante de partículas desagregadas de razón.

Pero es únicamente así que uno se percata de que las múltiples ideas en esa marea desordenada, en el oleaje de la psique (dirían los doctores), se vinculan a través de una geografía incierta pero determinante en las acciones de los hombres. Para mí, en cambio, ese mapa no es sino el universo desembarazado y libre, el orden y el caos de las cosas derramadosi vale la expresión aquí dicha, en texturas imposibles, algunas veces limpias, pulcras y lúcidas, como la luz oblicua de la mañana; otras quebradizas y resecas, como el suelo de la noche.

Diría, pues, que la única zona de interpretación posible reside en la intensidad del color que se le aplica o en el énfasis que el locutor da a la palabra, a las cimas y declives de su acento, a su ritmo y cadencia; es decir, a la silueta del verbo. Sí, eso diría yo que dibujo sobre estas paredes desde hace varios años.

Escritora. Participa con sus letras en el proyecto Deletéreo.

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