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Hambre

Sé que te conviertes en pájaro. La maestra me lo contó la primera vez que me acerqué a ella. Supo de mis sentimientos hacia ti por el simple hecho de llegar a buscarla. Tú fuiste su aprendiz favorito. Primero me enseñó a esperar, luego a confiar y finalmente a callar. Estoy acurrucada en el árbol de nuestros sueños. Pido que se manifieste mi guardián. Es de noche y hace un frío de los mil carajos. Tengo la mirada triste y lo sé porque vibra despierta e incandescente una necesidad insaciable de ti. Una loba llega a mi pecho, no sé si es un sueño pero la bruja me habló de esto: sabía que sería un ser pesado de la tierra y empapado de instintos… El momento sagrado, el encuentro. Me brinda su nombre a cambio de mi promesa de silencio eterno. Acepto porque sé que estoy lista.

Se desborda, gruñe, lucha, brota en mi carne hiriéndola de muerte. La sed con la que despierto te busca como un bálsamo. Llego a donde sé que estarás. Me esperas y te miro. Tú tan fiel como la promesa del amanecer. Me acerco, me abalanzo, me alimento. Y no es por tu carne de dulce pajarito por lo que enloquezco, es por tu alma libertaria de la que siempre fui carente… por tu espíritu de guerra y de paz… Todo lo que aun ahora se me escapa.

 

Ilustradora. Conejo con disfraz humano; el disfraz se dedica a comer, dormir y cagar. Como actividad extracurricular hace teatro, danza, yoga, escribe y pinta… Pero el conejo Randy sólo tiene dos preocupaciones en la vida: que no se acabe el agua y que no se extingan las abejas. Por lo demás, sabe del apocalipsis venidero y lo toma con la mejor filosofía taoísta: aprender a desaprender, guardar silencio y esperar.

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