Skip to content

Incandescencia

El doctor la miró por unos instantes y notó los nervios de su paciente, quien ya estaba sentada en el sillón del consultorio con el pecho desnudo. Sólo era cosa de alentarla con palabras de seguridad. Se tomó un tiempo para asir una de sus manos y decirle: piensa que sólo se trata de un proceso físico. A tu instalación eléctrica aún le quedan siete u ocho años de vida, pero tu filamento de wolframio ya está muy desgastado y hay que cambiarlo.

Lo sé, le respondió. Hace mucho tiempo que no emito luz. ¿Pero qué me dice de la incandescencia?, ¿corro algún riesgo de quemarme?

En lo absoluto. Lo único que sucederá es que tu calor corporal actuará sobre el wolframio. Dependiendo de las emociones que irradies serás luz anaranjada, luz blanca o –en el peor escenario– la bombilla no encenderá, aunque entiendo que no quieres continuar apagada, ¿cierto?

Ella sonrió, le devolvió la mirada y se abrió el compartimento del pecho.

No doctor, estoy cansada de la oscuridad. Así que cambie el foco de una maldita vez antes de que me arrepienta.

 

Escritora. Cafeinómana, observadora, insomne. De ser trapecista caminaría todo el tiempo por las orillas.

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Autocomplot

Sorpresa

Me gustaba despertar por las mañanas en la cama de mi abuelita, escuchar el fonógrafo y permanecer acostada hasta que el sol acariciaba…

Todo

Conexión

Parado en un mar de césped todo cobra vida, todo cobra muerte. Cada hoja, cada pétalo, cada piedra crece, madura, decae y expira…

El poema del amor

Pena

Lee como si me aullaras como si en tu boca se fueran a gastar todas mis letras esa boca que es boca mía…

Volver arriba