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La bolsa está vacía (seis gramos)

Tomó el teléfono y contactó al hombre que ponía a la chica de blanco a las puertas de su departamento.

Fueron días completos sin poder dormir, sin poder hablar y sin poder pensar. Sólo trabajar, trabajar solo. Y la chica ahí, a un lado.

Despertó, estaba obscuro afuera.

No recordaba haber salido de casa pero las bolsas vacías del supermercado dictaban lo contrario.

¿Cuánto tiempo había pasado?

Se miró al espejo y no le sorprendieron ni la mirada desorbitada ni el hilo de costra seca que dibujaba su rostro desde la nariz hasta el cuello.

Ya para esa hora, la chica de blanco estaba retirándose de la decadente escena.

Al momento no había nada que hacer, sólo esperar, esperar solo.

Cayó dormido y al despertar sintió cómo la cabeza le reclamaba los últimos días.

Volteó buscando a la chica blanca, una caricia suya sería suficiente.

Se había ido.

Escritor. Hombre bueno, de mal genio. Escribo, leo, vendo, imagino y fumo cosas.

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