Skip to content

La caída de un veinte

Para los demás su obra era perfecta, pero él sabía que eso no era posible.

In ilo tempore, todo era origen y fin: ahí pues la perfección.

Y mientras pensaba y pensaba, por un instante se sintió acogido por una certeza: en efecto, Dios había muerto; pero no por olvido, sino porque se había suicidado. 

Si mi obra fuera perfecta la habría firmado con mi propia sangre, pero sigo aquí, aquí que recién descubro que no soy Dios; que no estoy muerto.

Escritora. «Larga y ardua es la enseñanza por medio de la teoría, corta y eficaz por medio del ejemplo.» –Anónimo

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Atemporal

Humo

Palabras que no se pueden decir, que se quedan en silencio. Quieres decirle que te agota el pensamiento, que sientes espasmos en el…

Mucha mierda

Aparato

Desde aquel piso 14 supervisaba al ejército de palomas mensajeras encargadas de llevarte una señal de mi inagotable furia. Debido a la tensa…

Volver arriba