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La hoja en blanco

Días irrompibles de nimbos neuronales. De soplos en la consciencia. De palabras coaguladas, de extravío, de sobredosis de nada, de invidencia.

Intento abrir los ojos; me rasgo los párpados atados.

Me detengo en su facha roja. Miro su boca de pequeño cocodrilo, sus dientes cuadrados. Me acerco para deshebrar las letras que adornan su torso. Recorro sus piernas, sus pequeñas tetas. Vuelvo a sus fanales borrachos de mañana.

Respiro.

Hiere el filo de la hoja en blanco.

Respiro.

Observo la navaja.

 

En una vida anterior fui encargada de un videoclub en Ciudad Juárez, actriz de teatro: bolero, ángel, diabla, preciosa ridícula, cantante, abogada, mujer fatal, vividora, loca, desahuciada, princesa, bruja, rata bailarina, niña, niño, tortuga, anciana…; modelo, ayudante de un mago y faquir, vendedora de amuletos cósmicos en ferias del pueblo, vendedora de tiempos compartidos, asistente de un psiquiatra bebedor, mesera con escote amplio, telefonista de call-center, paseadora de perros, guionista, correctora de estilo, redactora publicitaria y estratega de contenidos web. Ahora vivo reencarnada en mí.

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