Nunca he estado feliz, nada me embona ni me acomoda. Aquella noche estaba triste, tan triste que todo a mi alrededor apestaba, las flores caían, el aire pesaba, la lluvia era caliente mientras un perro, observando mi tragedia, en lo alto de una casa se suicidaba. Caminaba y me repetía a mí mismo y decía: mí mismo, tienes que ser fuerte, valiente, aguerrido, porque ya has sido infeliz tantas veces que ahora no puedes escapar de su nido. Siempre tuve un instinto animal, de niño comía pedazos de carne cruda para sentir el frío de la muerte, pero esa noche no pude, no lo tuve y me arrepiento de haberlo pensado, porque hay cosas que no se piensan, se hacen y listo. Esa noche marcó mi camino.
Adan Brontis
Soñador. Escritor con los ojos abiertos. Mirada en la espalda. Aprendió a vivir las calles, los buenos tacos y el sudor de las mujeres. México es un puñal clavado en su espalda.
En la mitad de la plaza
En la mitad de la plaza de una ciudad que parece desierto, se despierta con un niño en el regazo. Hace un esfuerzo…
Un único y singular anhelo
Empaquetado en una saturada capa de acontecimientos poco apocalípticos y más bien parcos, grises y desmotivantes, me siento fortuitamente frente a la luz…
Antes del sueño
Es cuando la noche se termina de establecer que inicia el zumbido. Es un sonido continuado y bronco que tiene lugar dentro de…
Así fue como dejamos de ser esclavos africanos
Debió haber sido durante el siglo XVI, cuando se estableció la ruta marítima entre México y Filipinas, que la corriente del Kuro-Siwo trajo…




