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Un único y singular anhelo

Empaquetado en una saturada capa de acontecimientos poco apocalípticos y más bien parcos, grises y desmotivantes, me siento fortuitamente frente a la luz de una vela.

Al tener tanto background innecesario, viendo fijamente la vela, se viene a mi mente una idea como un instinto, como una necesidad.

Quiero ser yo mismo en el centro de la luz de aquella vela, pienso (¿o siento?).

Quiero vivir esa intensidad total del núcleo de su luz sin dejar de ser consciente.

¿Y qué hay de los demás?

Quiero ser esa luz y que esa luz sean todos, quiero que no se pierda nada, que nada se quede por fuera. Que en el momento en que todos seamos todo, esté lo bueno y lo malo, el todo, y que por ese mismo hecho al final lo malo sea lo bueno.

Y que así no quede nada malo por decir.

 

Ilustrador. Lo que nos da la propiedad de reyes o reinas es la vida misma y el hecho de que la vivamos personal e individualmente aun cuando sabemos que somos parte de un todo, aun cuando en los momentos más oscuros nos consuele saber que nuestras oscuras preguntas estén en la mente / espíritu / alma / esencia de otros.

Esa virtud innata de vivir es fuertemente enriquecida con la virtud de dar vida, de ser nosotros mismos canales para la creación de nuevos mundos que se impongan a la cuestionante y finita realidad.

Es allí donde creo confluir con este proyecto de creación colectiva, donde los ríos se cruzan aumentando su caudal para simplemente seguir irrigando (sí, también, por qué no, hasta llegar al mar).

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