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Lazadas

¿Quién en su tiempo presente imaginaría estar conectada por un órgano a todos los del mundo?

Yo lo sabía desde que era niña. Mi útero, que en esos tiempos era tan pequeño como un higo o quizá aún más, tenía un pequeño hilo rojo. Ese hilo se dividía en millones que llegaban de igual manera a otros úteros. Cuando se lo contaba a mi madre, se reía y me decía que mi imaginación era muy poderosa y bella.

Ella, tan hermosa como el sol, murió pronto. No tuve tiempo de contarle lo que significaba estar en todos los orgasmos, embarazos, abortos, cánceres y muertes de esos úteros.

No pude hablarle del suyo propio que me era tan preciado.

Hoy hace 10 años, al amanecer, me despertó un dolor terrible, un clavo que me atravesaba el vientre. Una niña violada por 6 hombres, tirada en el canal. Fui con la doctora. Tenía quistes en los ovarios. Entraría en tratamientos para eliminarlos. El dolor no se iba.

Hoy aun después de que mi útero se fue, el dolor no se va.

Son los hilos que siguen jalándose, tensándose, que tienen por aquí y por allá desgarros y nudos. Yo me pregunto si ellas no los sienten, si ellas no sienten ese inmenso tejido que es finalmente un gran laberinto lleno de grietas y de flores.

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