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Marchas y marchitas

Desde niños nos enseñan a marchar,
en la escuela te acomodan por estaturas,
te ponen uniforme, marchas,
creces y te enseñan a marchar / marchas / marchas,
te acomodan en líneas, haces filas: en el súper, marchas,
en el banco, marchas, en los hospitales, marchas,
en los andenes del metro, marchas, marchas.
Permaneces sentado miles de horas en tu silla de ruedas que sin querer llamas auto, permaneces sentado en tu silla de ruedas que llamas silla, que llamas oficina,
que llamas y que llamas y marchas,
caminas, marchas para ir al trabajo,
marchas para entrar al estadio, al cine,
marchas, marchas,
marchas camino al altar
para darle el beso de judas a tu amada novia,
en procesión marchas hacia la iglesia
arrastrando tus pies, sacando el polvo de lo que queda,
marchas,
marchas camino al cementerio
para enterrar a tus queridos muertos,
marchas, marchas, marchas, marchas,
izquierdo, izquierdo, izquierdo,
derecho, derecho, derecho,
marchas, marchas,
marchas, marchas,
¡Marchas!

¿Y encima de todo te molestan las marchas???

¡¡No marches!! ¡¡No marchites!!

(En un país marchista lleno de marchantes y marchetes y de marchos bien marchados de cuyo nombre ya quiero marcharme)

Lleguemos a un acuerdo, tú me lees, yo te escribo.

«Había noches en que todo el mundo estaba como esperando algo y yo me sentía como un nómada fracasado, de esos que van a todas partes sin llegar a ningún lado.»

Escribo «adios» sin acento para que no suene a despedida.

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