Mis manos han vivido más que yo. En ellas deposito mi confianza. ¿Si no fue con manos expertas, con qué?/El demiurgo nos moldeó. Recoges la flor hermosa de temblorosos llantos. Entre tus manos la tomas y alzándola dices: «Se abren los pétalos, dejando al descubierto el núcleo de su majestad flor/Porque confían plenamente en la bondad del sol». Si llegara a picarte una abeja el dedo, ¡muérdetelo! Que no te duela que lo tengas inerte. Tras la parábola del arcoíris corre/Donde los dedos del demiurgo chapotearon alegres para darnos color.
No pares, ¡sigue leyendo!
Cortar el cable
Ambos se despidieron, se tomaron la mano como si su destino estuviera marcado; de alguna manera lo estaba, de alguna forma este sería…
Camino a casa
Alguna vez, hace ya algunos ayeres, quise entender qué pasaba con mi vida, con el mundo. Soñaba con pisar cada rincón de esta…
Pocas semanas después
Éramos amigos, la complicidad nos fue acercando cada vez más hasta que ya no hubo retorno. Valeria llegó a mi casa pocas semanas…




