Mis manos han vivido más que yo. En ellas deposito mi confianza. ¿Si no fue con manos expertas, con qué?/El demiurgo nos moldeó. Recoges la flor hermosa de temblorosos llantos. Entre tus manos la tomas y alzándola dices: «Se abren los pétalos, dejando al descubierto el núcleo de su majestad flor/Porque confían plenamente en la bondad del sol». Si llegara a picarte una abeja el dedo, ¡muérdetelo! Que no te duela que lo tengas inerte. Tras la parábola del arcoíris corre/Donde los dedos del demiurgo chapotearon alegres para darnos color.
No pares, ¡sigue leyendo!
Un único y singular anhelo
Empaquetado en una saturada capa de acontecimientos poco apocalípticos y más bien parcos, grises y desmotivantes, me siento fortuitamente frente a la luz…
Adiós Adiós
Decidí parar, dejar de hacer de mi condición razón de muerte. Detuve la poesía que exacerba el miedo y me volqué a conocer…
El cuarto del pintor
Lo que sucede, pasa en el cuarto del pintor. Las arrugas ciñen el cuerpo de la modelo y los perros se hacen tersos…
Elusté Doyo
Elusté Doyo se encuentra cada día en el breve oleaje que le refleja desde el recipiente de ocasión. Contempla con afán los mares…




