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No está en las manos

Recuerdo bien una noche en especial que no podía dormir. Tenía un malestar en las piernas que no me dejaba dormir. Al día siguiente, en la visita obligada al doctor, me avisaron que tenía que ingresar al quirófano. Lo primero que pensé fue en esos minutos en donde perdería todo control sobre mí y de mi cuerpo. Imaginaba que con la anestesia mi alma estaría susceptible a ser arrancada. No me daba miedo el que me abrieran el cuerpo, tenía miedo a morir.

Al salir de la operación, los doctores lidiaron con mis patadas y con mis ganas imperantes de levantarme a correr. Desde ese momento a mi cuerpo le falta la vesícula. Me pregunto si los demás órganos sufrieron de aquel síndrome del «miembro fantasma», porque yo sí lo sufrí. Una parte de mí seguía preguntándose cómo hubiera sido esa Érika con vesícula experimentando una estancia escolar al otro lado del mundo en ese mismo momento.

Traer el cabello largo es cargar con los años que tardó en crecer, es como si cargaras con esos ayeres a tus espaldas, agregando pesar a tus hombros. Al pasado no le gusta quedarse conmigo. Las uñas no me crecen tan rápido como quisiera, tampoco el cabello. Llevo meses sin desenredar nudos, sin sujetar momentos.

Hace más de una década, al estar lavando una copa, la sujetaba con tal fuerza que la base se trozó. Me abrí la mano justo por debajo del pulgar. Estuve a unos milímetros de llegar al tendón. Eso habría significado una cicatriz que atravesaría la mano por completo. Las líneas que mapean la vida incorporaron esa cicatriz como un nuevo territorio, otro camino.

Me gusta imaginar que con esas tres puntadas se modificó de alguna forma mi mano, mi destino. Mi capacidad prensil se trasladó a una hoja virtual; atrapo palabras no datos duros.

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Érika Anallely
Escritora. Escribe para no olvidar(se). Escribe recordando que las letras divagan entre libros e imágenes, por eso se apresura a aprehenderlas. Escribe porque le atraen los instantes. Escribe porque le desespera esperar. Escribe aunque su letra sea todo menos bonita.
Soy grafitero, autodidacta. Empecé a pintar hace aproximadamente 4 años de manera ilegal, para luego enfocarme en pintar de manera un poco más elaborada. También fui buscando algunas alternativas nuevas hasta llegar a la ilustración digital. Mi trabajo está basado en lo místico y religioso, en dualidades y deidades. Técnicamente me gustan las cosas mixtas y poder jugar con varias herramientas en un solo proyecto, pero sólo me gusta si es análogo. En mi trabajo digital me gusta usar únicamente la computadora, sin ninguna técnica extra.

No pares, ¡sigue leyendo!

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