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Principe de nada

No soy príncipe de nada.
Poseo dos ojos,
a veces he poseído
algo de tierra, algo de semillas.

¡Qué felicidad!
A nadie tendré que darle cuentas
de mis hechos.
Pero, ¿y si poseo más que nada ?

Sé que poseo todo lo que puedo sentir,
y ese poseer es tan breve como la vida.
Pero igual de breve la muerte es.
Nadie dura muriéndose más de cien años.

¡Qué felicidad!
Si poseo dos ojos,
a veces he poseído más de dos manos,
algo de tierra, algo de semillas.
Y ¡atención!
No soy príncipe de nada.

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Me enseñaron a escribir y a contar desde los tres años con ayuda de naipes, corcholatas de colores y revistas de ciencia. Mi televisión (de esas grandotas de madera ) no se veía, así que tenía que imaginarme lo que sucedía adentro, ¡oh imaginación! La poesía es como un sol, adentro, único y salvado: respirar de sus manos amigas, como de pájaros azules que se vuelan por el cráneo, pisar el pasto seco y el aroma acuarela de los mercados, decir con sus jaulas las negras olas desnudas que me toman por el brazo; el sol ondula por encima, como un pálido disco blanco enjuagado. Cuando no trabajo en mi laboratorio me gusta salir a caminar mucho y visitar el océano, ¡ah! y los efectos psicodélicos de las guitarras jaguar. Me gustan las puertas viejas y vencidas, los paseos sin sentido y el viento en la cara cuando voy en moto. No me gusta cortarme el cabello.
Ilustrador. De manera que el único remedio, en espera de que llegue el asalto final, es volver la mirada a lo extraordinario, lo único que todavía nos puede salvar. –Walter Benjamin
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