En tu gruta kárstica, en tu río subcutáneo, en tu discontinuidad de Lehmann.
En tu corazón de fruta, en tus ojos sésiles, en las muescas de tus manos.
En tus esquinas doblaré mis huecos.
En tus bordes afilaré mis labios.
No pares, ¡sigue leyendo!
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