Bajo las estrellas remendadas
descansa el susurro
de mis pasajes zurcidos.
Entre umbrías escucho
las preguntas sin voz
que intentan desnudarme
de mis disfraces:
de mis trajes de domingo sobrepuestos
en mi palabra-lluvia,
de mis ropajes de invierno camuflando
cada herida de verano palpitante.
Siempre hay que recoser
las verdades que hieren,
pespuntar auroras
donde las noches no sucumben,
parchar los agujeros
con sonrisas dibujadas
para huir de los abismos.
Lavar, secar y planchar
este atuendo de la vida diaria
que tanto persevera
para mostrarse deslucido.
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