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Patíbulo

Escogió el mar, ahí donde lo condenable carecía de adjetivos. Le bastó soñar con una lancha, arrancar el motor y andar hasta perder de vista la costa.

El oleaje lo golpeó, pero así lo hicieron también los años.

La sal en la boca no importó.

Tampoco el atardecer con la guadaña ultravioleta que caía en el horizonte.

Imaginó que el sol sería su ejecutor hasta que los tentáculos del kraken lo arrastraron al fondo de la cama.

El último respiro.

Escritora. Cafeinómana, observadora, insomne. De ser trapecista caminaría todo el tiempo por las orillas.

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Ansiedad

A esa hora la ansiedad se dividía en 179 pedazos de uña, 237 rascadas de cabeza, 7 solos de percusión en las piernas,…

Irreal

Error

Aquella pintura de Manet… ¿Tenía barcas? ¿Flores? ¿O tal vez era un paisaje? No lo recuerdo. Apenas como bruma inapresable, encuentro destellos de…

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