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Piernas

El viejo acaricia sus barbas con impaciencia y me mira confundido perdiendo definitivamente el hilo de la historia. Algo aturde sus procesos, algo seca su saliva amarillenta y profundiza sus arrugas que son cicatrices de las que ya no se acuerda. Sus manos tiemblan buscando viejas carnes como arañas enfermas y van palpando la mesa con la timidez de un ciego hasta que finalmente alcanzan el paquete de cigarrillos.

Hay un respiro, un retorno; vuelve el hilo apenas la mano rescata el cigarro y lo lleva a los labios áridos, se toma un trago de cerveza mientras la habitación se llena de humo y la voz emerge radiante, precisa y afinada con la suavidad de la historia. Acaricia de nuevo sus barbas y describe con precisión milimétrica el estampado de la falda que ella tenía la primera vez que le mostró las bragas.

 

Escritor/Ilustrador.
Diseñador gráfico alma vendida, hedonista de bolsillo vacío, activista de la pereza y los vicios solitarios, nacido en tierra de nadie Santiago de Cali, prosperó en la vida alegre y fue criado en modo experimental, casi como un hámster de ritmos tropicales, con la ternura y los dientes necesarios para dar un par de puñaladas de cariño y el justo pelito afelpado de la embriaguez.

Cree que el juicio es una trampa, la cerveza es una dicha y el humor confunde al tiempo; cree que el dinero es para los amigos, los genitales para el viento tibio y un vaso de licor con hielos para mantener el equilibrio en cualquier ocasión que valga la pena.

Dibuja desde siempre, con disciplina de borracho -tinta y mugre- y nunca termina nada, no sabe de finales ni de principios ni de la ciencia exacta del éxito. Pero sabe caminar por ahí, encontrando compinches que han iluminado las vueltas de su vida, y le escuchan sus teorías de viejo impertinente, iconoclasta y prostático, a cambio del poco tiempo que nos queda.

Amén.

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