Ha llegado la primavera.
Es hora de tronar la espalda.
Llueven las flores, se entrelazan,
hacen giros; vienen a dar alegría sobre la tierra.
Las piedras se levantan heridas
a escupir de sus espíritus el azul del cielo.
¿Es posible ser discreto ante esto?
¿Mañana saldrá otro sol de turquesas?
Nuevamente no hay nube alguna
en todo el cielo redondo.
Primavera
No pares, ¡sigue leyendo!
Sin título
Creo que debí haber muerto hace años, cuando mi muerte hubiera resultado mínima, insignificante, vacía, silenciosa, anónima, olvidable. Debí haber muerto cuando todavía…
El peso del linaje
El infierno me parece un sitio digno de recordarse: sus interminables horizontes devoradores de luz, las hermosas cascadas de fuego, el río llameante…
Crisálida
Más que manchas, eran formas simétricas producidas por el doblez del papel a la mitad. A algún listo, de apellido Rorschach, se le…




