Skip to content

No mentirás

Mientras usted se quita el abrigo y deja a un lado su paraguas,
le doy la bienvenida a este templo.

Verá, el templo no es muy costoso, tampoco muy modesto.
El suelo es a veces de adoquines, otras de cemento y a veces solamente de tierra.

Las paredes cambian de color y de posición según el viento,
y según Dios disponga.

Dios vive aquí a la vuelta, en la puerta verde. No le gusta madrugar así que tal vez lo encuentre después de las 11.

(Usted puede dejar su abrigo y su paraguas aquí, nadie va a llevárselo).

Como le decía, el templo es un lugar muy tranquilo, se descansa muy bien,
los sábados hacemos baños termales y tenemos unas cremas de coco que le dejan la piel muy saludable.

No se espante. A nadie le gusta el templo cuando viene por primera vez.

Algunos esperan que esto sea una fiesta, pero, ¿se imagina usted una fiesta?

Es un poco extremo.

A Dios le gusta llevarse la fiesta en paz.

Diseñadora gráfica e ilustradora del instituto departamental de Bellas Artes de Cali, Colombia. Creo y dibujo cuanta cosa se me ocurre y aquí se las dejo esperando que las disfruten.

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Aquella población

Primero fue el texto

En los pliegues de la montaña se extiende un conjunto de construcciones, ladrillos y baldosas color carbón. Si se recorren sus caminos, sus…

Ella se llama Cuando

Primero fue la imagen

Cuando está recostada en la cama mirando a Milo, quien descansa boca arriba con los labios semiabiertos, la barbilla temblando imperceptiblemente al tiempo…

Volver arriba