Sí, quiero recordarla como una mujer de cabellos largos y lacios, recogidos como gajos de mar momentos antes de un temporal. Una dama de rostro angulado y piel tersa, rubicunda como una nube a la muerte del sol. Su piel de arena y el cuerpo poderoso y ágil, gracioso aunque con porte, como el de un caballo que a galope imprime sus cascos sobre un suelo de sal. Si pudiera describirla tal como la recuerdo y no como insisten los médicos que me tratan, diría que esa mujer abrió su corazón para entregarme el canto de mil pájaros, el amanecer, la noche y las cuatro estaciones en un solo instante, y no como esa que con imaginación delirante se abrió el pecho el día en que la sorprendí besando otros labios, tocando un continente que no era el mío.
No pares, ¡sigue leyendo!
Silencio
Mi tía dice que esta va para Gabriel que protege el matrimonio la anunciación la buena nueva le prende un sol que sube…
Tormenta
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¡Viva la moda!
No eran muy diferentes los desfiles de moda entre el planeta Tierra y el llamado Belenoide… los mismos espectadores, medio interesados y medio…
La tentación de inexistir
Nunca entendí qué nublaba su corazón; por qué el silencio, por qué la soledad, por qué no quería hablar. Yo era nuevo en…




