Sí, quiero recordarla como una mujer de cabellos largos y lacios, recogidos como gajos de mar momentos antes de un temporal. Una dama de rostro angulado y piel tersa, rubicunda como una nube a la muerte del sol. Su piel de arena y el cuerpo poderoso y ágil, gracioso aunque con porte, como el de un caballo que a galope imprime sus cascos sobre un suelo de sal. Si pudiera describirla tal como la recuerdo y no como insisten los médicos que me tratan, diría que esa mujer abrió su corazón para entregarme el canto de mil pájaros, el amanecer, la noche y las cuatro estaciones en un solo instante, y no como esa que con imaginación delirante se abrió el pecho el día en que la sorprendí besando otros labios, tocando un continente que no era el mío.
Fobias de invierno
Desperté de un jalón y con el corazón acelerado. Abrí los ojos y volví a recostarme, escuché el silencio, respiré profundamente y cerré…
Hasta mañana
Me abrazaste con una especie de estrabismo. Lejos de parecerte un tipo aventurero me miraste con cierta duda, inspeccionaste la bolsa de mi…
El Coronel de mi Hambre
Voy a escribir tu epitafio para firmar con mi nombre tu muerte. Eso fue lo último que me dijo. Era un pajarraco insufrible…




