Skip to content

Paria

Tomando en cuenta las últimas horas, días y meses, confieso que no soy más que un paria. Es más, si pensamos en aquella vez en que callé mientras, en la sala de mi madre, la luz de Júpiter me explotaba la cabeza, podría decir que toda mi vida he sido un paria. Un paria que caminó antes de escribir sus memorias. Un paria que se plantó frente al consejo de padres alcohólicos y tristes a recitar las efemérides de la semana. Un paria, otra vez un paria, que dejó pasar la infancia entre falsos ídolos, culpas y estrellas en la frente.

Así es como vive un paria: adelantándose, quedándose atrás; escuchando pájaros en la noche y el grito de gatos fornicando al medio día. Con todo en el pecho y nada en las manos. Siempre amando a otros parias y después de un tiempo odiándolos para ser fiel a uno mismo.

Eso he sido. Brutalmente.

Escritor. Editor y librólogo de lunes a domingo, trabajo desde el balconcito de mi casa, al lado de las dueñas de mis quincenas. Escucho música todo el día y como a mis horas. No me gustan las mascotas que puedan dejar pelos.

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

No mentirás

Esperanza

Mientras usted se quita el abrigo y deja a un lado su paraguas, le doy la bienvenida a este templo. Verá, el templo…

Mar adentro en mis ojos

Espíritu

Toco la puerta. Hace frío en mis manos entumidas y las palabras no dichas tuercen mi lengua. Aún de noche, llueve en mis…

El loco

Locura

Faustino se fue, lejos, allá donde el flagelo mental de remanentes siderales. Ninguno de sus interlocutores le siguió el paso. Sólo se dejó…

Volver arriba