Las piedras, la tierra suelta y fresca, los árboles y sus raíces de granito, los brotes apenas anunciados, las tortuosidades de los ríos; plumas olvidadas en el hueco de un tronco, huesos y dientes amarillos de tiempo, pieles resecas y polvo, las llamadas a mitad de la noche, las historias de luces tenues; la ira bullente, el desprecio, las tristezas, esa esperanza, su sonrisa, la mirada luminosa: todo lo sólido se desvanece en el aire.
No pares, ¡sigue leyendo!
El Mastranto
Cipriano baja hacia El Mastranto montado en su yegua. Sabe que en ese momento Fabián pastorea a las cabras y lo imagina arrastrando…
Los globos
Misi no tenía brazos. Tampoco tenía piernas. Era una hermosa niña de nueve años y ochenta centímetros de largo cuando se recostaba, o…
Los amores de María
De la estación al aeropuerto había que recorrer 3.5 kilómetros, mismos que existen, si se pudieran medir los sentimientos en una cinta graduada…
La casa de mis sueños
Te escribo esta carta con el pensamiento. Pocas cosas han cambiado desde que te hice a un lado de mi vida. Sigo aquí…




