Las piedras, la tierra suelta y fresca, los árboles y sus raíces de granito, los brotes apenas anunciados, las tortuosidades de los ríos; plumas olvidadas en el hueco de un tronco, huesos y dientes amarillos de tiempo, pieles resecas y polvo, las llamadas a mitad de la noche, las historias de luces tenues; la ira bullente, el desprecio, las tristezas, esa esperanza, su sonrisa, la mirada luminosa: todo lo sólido se desvanece en el aire.
No pares, ¡sigue leyendo!
Los globos
Misi no tenía brazos. Tampoco tenía piernas. Era una hermosa niña de nueve años y ochenta centímetros de largo cuando se recostaba, o…
El vanidoso
Despertó en el hospital. Lo despertaron unas voces. La enfermera. Al verla lo supo. Supo que todo había cambiado en su vida, no…
Permanencia involuntaria
No es una cuestión de luces, la ciudad habla de sombras antes y después del atardecer. Extasiada se libera de su humo a…
Destiempo
«Se renta habitación en departamento compartido. Baño propio; incluye agua, gas y luz» se leía en aquel apartado del Diario de la Ciudad…




