Saltear al contenido principal

El encuentro

Ahí estaba de nuevo frente a ella, como si los años hubiesen transcurrido sin transcurrir. Otra vez ese gran amor, siempre joven, siempre dispuesto; verdugo sutil de los solitarios. Se lo habían advertido, le habían dicho que no existía distancia suficiente; ni voluntad ni posible olvido.

De nuevo entonces, boca con boca, ojos con ojos: spiritum contra spiritus. De nuevo el miedo, otra vez testigo del funeral de dios.

¿Tendría la confianza suficiente para continuar sin él? ¿Sería capaz de no responder al susurro del diablo?

Y en realidad no importaba lo que hiciera, él seguiría ahí para cuando la nube negra se posara sobre su alma, para cuando la cordura fuera insoportable, para cuando el corazón decidiera flaquear.

Era un instante, un sí o un no… Un sí o un no… Sí o no… Y es que el poder no estaba en ella, ni su vida ni su voluntad y quizá por eso pudo decir no, por ese día, por ese minuto. La respuesta era no por hoy, aunque muriera su madre o naciera su hijo, aunque se quedara inadvertida en el mundo.

Loading
Avatar
Escritora. «Larga y ardua es la enseñanza por medio de la teoría, corta y eficaz por medio del ejemplo.» –Anónimo
Diseñador / ilustrador / animador / teatrera / mesera y lo que venga.

No pares, ¡sigue leyendo!

Rueda de la fortuna

Pena

Mi pensamiento tiene cola. No es tan larga como para que otros la pisen, es del tamaño proporcional a su delirio de persecución.…

Carta hallada en el domicilio Real Jardín, número 14, Puebla de los Ángeles

Pena
Me apena mucho dirigirme a usted por medio de esta carta, esta declaración que nace de la necesidad de contarle lo que siento. Yo, que poco sé de cómo hablarle a una mujer de su condición, tan elegante y fina pero principalmente tan hermosa. Sé que en el momento en que reciba estas palabras, sentirá que de nada valen los intentos que desde el mes de mayo he realizado para poder platicar con usted. Pensará también que aquella tarde junto al portón de Morelos nada representó para mí y que mi vida ha sido la misma. Y no la culpo, pues mi cobardía de buscar los medios para acercarme a usted muestran indiferencia y no son dignos de un hombre.
Volver arriba