Skip to content

Religiosa

Suceden de noche: el hambre y —sobre todo— los apetitos. Un aroma acre se agolpa en la nariz con reclamos de atención silvestre, se yergue un calor primitivo y entonces los apetitos se vuelven furia, y ah… Mis piernas se estiran como banderas al aire y los dedos, rosáceos dedos, se abren a la claridad.

Cedo, como siempre, dejo de pensar, sorda porque estos ojos no duermen. Me vuelvo yo misma la carne al alcance de las manos: soy la presa de la presa, porque el apetito no cede, y una tiene que exponerse y presumir las orquídeas del vestido y hacerse nube de delicias y abrir los brazos y acariciarse los ojos hasta hacerlos relumbrar.

Allá va una a procurarse los alimentos, a entregarse sin rubores a las necesidades. Entonces vuelan, revolotean, se escabullen y acercan, unos con miedo, ése con la certeza que quiero siempre que me vuelvo furia. A ése quiero: junto las manos y le abro el pecho, viene a mí y me abraza hambriento. Como siempre.

A ése quiero tanto, y disfruto tanto, y es tan mío que a la mañana he saciado el hambre y el apetito, todo él manjar de una noche anterior.

Escritor. Lugar común: perfil obsesivo compulsivo, pero es cierto y útil en producción editorial. Editor, traductor, corrector de estilo.

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Tiroliro

Primero fue la imagen

Tiroliro es el gato de la familia, todos los días despierta antes que los demás. Acostumbra dormir en la sala pero apenas dan…

A Kassandra

Aparato

Kiosko atravesado por la lluvia, así eres: silencio de colores en una jaula de viento, silbas y los astros detienen su danza únicamente…

Volver arriba