Recuerdos que emponzoñan
abrazando las sienes como eclipse.
Es la evocación de la salamandra:
reminiscencias desde sus entrañas
reventadas en rocas;
madriguera en la que se oculta y pare,
nutriéndose del no-olvido.
El viento antiguo
mece espigas amargas,
la salamandra araña las paredes
de la memoria
y la llama de una vela es débil
para cauterizar heridas
imposibles de cerrar.
Lento y poderoso
es el veneno humano.




