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Saulo

Desde el cuarto semestre de preparatoria, ella se topaba todos los días con ese chico en la estación del metro. Parecía muy tímido. Ella se había percatado de que estudiaban en la misma escuela porque él llevaba amarrados a la mochila unos retazos de tela con el escudo del Club de Botánica impreso con una burda serigrafía. Nadie más los usaba, ni siquiera los demás miembros. Un día lo vio en la biblioteca, absorto ante unos diagramas. Se sentó frente a él y lo saludó. Él la miró y se asustó, como si hubiera visto un fantasma.

­—Eres muy listo, ¿verdad?
—Este… sí…
—Qué presumido, ¿eh?

Él se encogió de hombros.

—¿Quieres ser mi amigo?

Ella le extendió la mano.

—Sí, claro. Aunque el mundo va a cambiar muy pronto y eso dejará de ser relevante.
—¿Cómo, cómo?
—Ah, nada, es una pequeña broma que hago a veces.

El chico se quedó ido en sus papeles, sin hacer mucho caso a lo que pasaba a su alrededor.

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Jorge Chípuli
Escritor. Monterrey, Nuevo León, 1976. Monterrey, Nuevo León, México. Obtuvo el premio de cuento de la revista La langosta se ha posado 1995; el segundo lugar del premio de minicuento La difícil brevedad 2006, y el primer premio de microcuento Sizigias y Twitteraturas Lunares 2011. Fue becario del Centro de Escritores de Nuevo León. Ha colaborado con textos en las revistas Literal, Urbanario, Rayuela, Oficio, Papeles de la Mancuspia, La langosta se ha posado, Literatura Virtual, Nave, Umbrales, la española Miasma y la argentina Axxón. Ha sido incluido en las antologías: Columnas, antología del doblez, (ITESM, 1991), Natal, 20 visiones de Monterrey (Clannad 1993), Silicio en la memoria, (Ramón Llaca, 1998), Quadrántidas, (UANL, 2011) y Mundos Remotos y Cielos Infinitos (UANL, 2011).
Ilustrador. De manera que el único remedio, en espera de que llegue el asalto final, es volver la mirada a lo extraordinario, lo único que todavía nos puede salvar. –Walter Benjamin

No pares, ¡sigue leyendo!

Pero… ¡¿cómo?!

Confianza

Me besó. Su mano recorrió mi espalda, mis glúteos, y luego subió hasta mi nuca. De la nada sentí su palma sobre mi…

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