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Piloto automático

Se encontraron una semana de tres domingos,
y al segundo abrazo nadaban a la deriva.

Una marea desenchufó los cables del pasado,
y navegaron toda la noche, entre palabras encendidas.

Tan brillante como el sol en sus caras,
el silencio que los ilumina.

Pusieron en modo avión sus celulares,
y dejaron que se acabara del todo la pila.

Dejaron flotar las viejas excusas,
mientras planeaban una despedida.

Había que decir adiós a los viejos hábitos,
desencadenar el alcohol de las heridas,
volverse cuerdos siendo insensatos,
y darle chance a las puertas de salida.

Elevaron el ancla del piloto automático,
el que siempre aseguraba la movida.

Se vieron en el reflejo del espejo del cuarto,
y pudieron ver el tiempo que hacía que no reían,
como ahora reían.

Escritodóloga. Aspirante a poeta. Descubridora del arte dramático en su taza de café. Huye de escribir semblanzas por no hablar de sí misma.

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