Saltear al contenido principal

Piloto automático

Se encontraron una semana de tres domingos,
y al segundo abrazo nadaban a la deriva.

Una marea desenchufó los cables del pasado,
y navegaron toda la noche, entre palabras encendidas.

Tan brillante como el sol en sus caras,
el silencio que los ilumina.

Pusieron en modo avión sus celulares,
y dejaron que se acabara del todo la pila.

Dejaron flotar las viejas excusas,
mientras planeaban una despedida.

Había que decir adiós a los viejos hábitos,
desencadenar el alcohol de las heridas,
volverse cuerdos siendo insensatos,
y darle chance a las puertas de salida.

Elevaron el ancla del piloto automático,
el que siempre aseguraba la movida.

Se vieron en el reflejo del espejo del cuarto,
y pudieron ver el tiempo que hacía que no reían,
como ahora reían.

Loading
Ludmila Bollati
Escritodóloga. Aspirante a poeta. Descubridora del arte dramático en su taza de café. Huye de escribir semblanzas por no hablar de sí misma.
Ilustra. También construye marionetas.

No pares, ¡sigue leyendo!

Una historia chica

Ansiedad

Sucede que se nace debajo de una historia —la grande— que pasa por encima de unos, que adoquina sobre la memoria de unos.…

Proveerá

Confianza

—Dame la mano. Le dio la mano. Avanzaron treinta pasos más, cuando despidió al criado. —Regrese, Eleazar. No entre al pueblo: pronto estaré…

Volver arriba