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Viejo espejo

La mano se manifestaba con cierta frecuencia y salía por su estómago, era extraño, estaba comiendo, en la mesa con sus padres, como siempre, y de repente sentía un aire frío en el estómago y veía la mano negra emergiendo lentamente.

Parecía tener textura quebradiza, de lagarto sediento, pero cuando intentaba tocarla, o asirla, sus dedos no agarraban más que el aire. Y la mano señalaba, siempre al frente, y nadie más que ella veía esto, ese medio brazo saliendo de su barriga lozana, ese medio brazo necrosado con el dedo indice erecto apuntando con paciencia hacia adelante, como guiándola hacia el porvenir.

A ella le divertía y se preguntaba si el resto de los humanos tendrían también una mano invisible para el prójimo saliendo de sus barrigas.

En la fiesta de cumpleaños de la prima Inés, aburrida y sola en una esquina, descubrió que la mano había salido, pero señalaba levemente a la izquierda. Decidió seguirla a través de la vieja casa de la abuela hasta que llegó al patio de atrás, lejos de la fiesta y el bullicio de los otros niños. Ahora la mano se había abierto y la invitaba a entrar en el viejo cuartito de herramientas. Elvira no quiso entrar, pero si abrió la puerta.

Escritor/Ilustrador.
Diseñador gráfico alma vendida, hedonista de bolsillo vacío, activista de la pereza y los vicios solitarios, nacido en tierra de nadie Santiago de Cali, prosperó en la vida alegre y fue criado en modo experimental, casi como un hámster de ritmos tropicales, con la ternura y los dientes necesarios para dar un par de puñaladas de cariño y el justo pelito afelpado de la embriaguez.

Cree que el juicio es una trampa, la cerveza es una dicha y el humor confunde al tiempo; cree que el dinero es para los amigos, los genitales para el viento tibio y un vaso de licor con hielos para mantener el equilibrio en cualquier ocasión que valga la pena.

Dibuja desde siempre, con disciplina de borracho -tinta y mugre- y nunca termina nada, no sabe de finales ni de principios ni de la ciencia exacta del éxito. Pero sabe caminar por ahí, encontrando compinches que han iluminado las vueltas de su vida, y le escuchan sus teorías de viejo impertinente, iconoclasta y prostático, a cambio del poco tiempo que nos queda.

Amén.

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