Skip to content

Algunas sí

Regresé de mis pensamientos justo cuando dijiste:

—Siempre estás como en otro lado.

Y no sabía a qué te referías. Bueno, sí sabía. Pero confiaba en que nunca lo ibas a notar.

Seguías creciendo, seguías floreciendo y trascendiendo a nuestro otrora espacio de seguridad e inmunidad. A nuestro inquebrantable escondite.

Tus ojos azules eran como un lejano faro. Yo lo odiaba. Lo odiaba porque me advertía de la nueva distancia entre nosotros.

Encerrados en nuestra seguridad pero tú viéndolo todo diferente.

Por fin pude vencer al miedo. Salir a saludar a la vulnerabilidad de estar vivo.

Tomé el primer objeto punzocortante que encontré en esta espesa obscuridad mientras afuera buscaba a tientas la parte más frágil de tu fisonomía.

Yo siempre pensé que las flores no tenían huesos. Siempre estoy como en otro lado.

 

Escritor. Hombre bueno, de mal genio. Escribo, leo, vendo, imagino y fumo cosas.

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

El Frankenstein del romance

Primero fue la imagen

Puedo vivir sin corazón si te lo doy porque estamos conectados. Y si mis ojos te los pudiera dar, también. Vería todo desde…

Volver arriba