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Amada madre y esposa

Quisiera caminar una vez más bajo la lluvia, tiritar de frío, desnudarme al llegar a la casa y tomarme un té caliente. Sentir el calor del bombillo incandescente que me negué a cambiar por uno fluorescente. Escuchar el toc, toc, toc, del reloj de pared que todos odiaban pero que heredé, con gusto, de mis padres. Sentir las arrugas expandirse por mi cara. Ver mis cabellos volverse blancos. Fumarme un bareto, tomarme un güisqui, tocarme entre las piernas, darte un beso.

Quisiera tomar más fotos, dar más limosnas, caminar más tiempo. Escribirle a los amigos, visitar a los sobrinos, gritarle a los estúpidos. Quisiera hablar, decir cosas, escuchar cosas, hacer cosas. Equivocarme, caerme, levantarme, escupir al suelo y carcajearme.

Quisiera espantarme los gusanos, romper la madera, escarbar la tierra.

Tras ganar su primer premio en efectivo, cambiarlo por brandy y cerveza y beberlos con sus rivales, descubrió su pasión por las letras y que la sopa en realidad sí es un buen alimento ...

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