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Cheche

Heriberto del Huerto Altamirano nació en un rancho y, desde que las primeras olas de Internet llegaron al pueblo, decidió largarse apenas le fuera posible a la Gran Ciudad, a vivir bajo noches iluminadas, tardes aglomeradas y moderneidad. De su vida austera no quería más que su desaparición. Cheche, como le decían por sus iniciales, llegó a su destino soñado a los 16 y, aunque se sintió como caviar recién empollado en un océano de posibilidades, nuca pudo conocer la superficie.

Tras ganar su primer premio en efectivo, cambiarlo por brandy y cerveza y beberlos con sus rivales, descubrió su pasión por las letras y que la sopa en realidad sí es un buen alimento ...

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Se detuvo junto a la ventana de mi carro sólo para recitarme un poema. Así, sin conocerme siquiera, empezó a hablar sobre una…

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