Heriberto del Huerto Altamirano nació en un rancho y, desde que las primeras olas de Internet llegaron al pueblo, decidió largarse apenas le fuera posible a la Gran Ciudad, a vivir bajo noches iluminadas, tardes aglomeradas y moderneidad. De su vida austera no quería más que su desaparición. Cheche, como le decían por sus iniciales, llegó a su destino soñado a los 16 y, aunque se sintió como caviar recién empollado en un océano de posibilidades, nuca pudo conocer la superficie.
El fluir de siempre
Su fluir era lentísimo, tan despacio, tan a punto de morir. Comía poco y fumaba mucho. Su alma era una de esas almas…
Solar
Camino. Zancada a zancada desprendo el suelo bajo los talones. Desplanto sigo avanzo giro. No me muevo. Doy un paso y el mundo…
El noble espíritu de la juventud
Necesitaba sangrar el brazo inmaculado y sentir que salía esa sangre espesa casi negra, que era miel de purga, de purga de tanta…
Confiando en el etéreo
La página web era lo único que le quedaba al escritor, pero nadie lo sabía y ese era el problema: ya nada lo…




