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Concierto

Las cuerdas se tensan, su entramado escribe sobre mi piel; la presión en el cuerpo tiende a cambiar el miedo. De los hombros parten y cruzan mi pecho en nudos, mis costados son un mapa, mi espalda está cuarteada de tiras. Estoy envuelta en el nudo que él tejió en mí.

Me pongo la gabardina: el frío delicado es excusa suficiente para ocultar esta segunda piel, más suave, más amplia. Soy un texto que no se escribe en letras, soy un texto de hilos. Soy un texto que camina con las pisadas puestas donde se me ordena. Soy una presencia cuyo dolor espera en la punta del fuete.

Alcanzo a ver todos esos rostros, la multitud que recorre estas calles, sumidos en su silencio. Algunos detienen una mirada en nosotros, alguno asoma discreto a la abertura de la gabardina, algunas me miran con desdén. Pienso –intuyo– que, en sus pensamientos, vagan sin orden ni concierto, mientras yo sólo puedo pensar en una cosa: estoy en sus manos, es señor de mi confianza.

Nos sentamos en la cafetería. Me ordena que acomode los faldones de la gabardina y descanse los muslos desnudos contra la banca. Se me rompe la respiración y sé que está probando mi ansiedad.

Termina el recorrido; una corriente fría me muerde las piernas antes de cruzar la puerta. La calma de saber hasta qué punto eres impotente es inusualmente relajante en ocasiones.

Escritor. Lugar común: perfil obsesivo compulsivo, pero es cierto y útil en producción editorial. Editor, traductor, corrector de estilo.

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