Tengo encima de mí a esta mujer increíble. Mueve su cadera suavemente al ritmo que desea con la intención de hacerme terminar. Parte del contrato. Desnuda, es hermosa, más de lo que su atuendo prometía. El vestido, escotado en la espalda y abierto desde la cadera hasta el piso en ambos costados, trataba de distraer de una belleza distinta, más discreta, que brilla en sus ojos en forma de tristeza. Tengo una debilidad por las mujeres melancólicas e inaccesibles, no porque me interese rescatarlas de nada, sino porque pueden olvidarme fácilmente. Me gusta pasar inadvertido, ser un observador, incluso mientras estoy dentro de ella. Qué desprecio debemos sentir por el mundo y por nosotros mismos, aquí, enganchados en un placer pasajero, pasando el tiempo convenido sin hacernos preguntas, sin curiosidad alguna por el otro. Debajo del vestido, un brasier de raso sostenía sus pechos redondos y blancos como dos lunas firmes. Ahora se sacuden de arriba a abajo, desorbitadas, pero ella no cambia, su mirada es la misma: evidentemente, esta mujer no se encuentra en la habitación. Qué manera de desperdiciar su dinero.
No pares, ¡sigue leyendo!
Horas que se escurren sobre la mesa
Tenía la boca abierta y ella lo miraba de lejos. De lejos pero minuciosamente pasaba las pupilas sobre su cara. Su cara que…
Conversaciones VI
Mi maestro vino a verme con una duda en mente. Por primera vez en todos estos años parecía buscar mi consejo. —Creo que…
Los filos que colorean mi mundo
Los filos que colorean mi mundo, mujer, son los que destiñen tus mejillas, tus párpados y la arruguitas de tu cuello. -No te…
Mejor me aplico chido (Se me va a acabar el saldo)
Andaba yo en la peda y de la nada que me pega un malviajote. Me tardé bien poquito en conectar lo puntos, mi…




