Saltear al contenido principal

Ctónicas

Atlas abandonado sostiene la calma en su espalda a nuestra espalda. Mejor es que no la deje caer, que se mantenga ­firme, que su mirada no se distraiga, que de sus cabellos se derramen siempre las nubes y no nos olvide.

A lomo de caballo –a lomo de nube– continúa el viaje, y en este galope incansable nos rozamos unas a otras, nos ensortijamos ­­–por accidente y gana, por despecho y tristeza–, nos enraizamos en ideas secas, aunque después escurramos al desierto.

Nos miramos unas a otras: el viaje no cesa. El cansancio arrebata, desfallecemos de hambre. Unas nos desvanecemos; otras aprovechamos. Nos devoramos las unas a las otras: somos la serpiente que engulle a la serpiente y que vive en la serpiente. El hambre se duplica, nuestras gargantas albergan fauces nuevas.

Nos devoramos sin tregua hasta que el muchacho detiene su marcha. Padece nuestra sed, lamenta su vigilia. Desmonta, hinca una rodilla en la playa. Y reposa. A su costado la bolsa se revuelve: nos llama un corazón de tierra, desgarramos los hilos del fondo, nos abrimos paso entre los corales mortuorios y las coronas de piedra.

¡Libres! Labios en labios, esbozamos una sonrisa perpetua. Las emancipadas podremos mirar a la madre a los ojos, pero nunca seremos pétreas.

 

Loading
Avatar
Escritor. Lugar común: perfil obsesivo compulsivo, pero es cierto y útil en producción editorial. Editor, traductor, corrector de estilo.
Ilustrador. Ilustrador amateur de tiempo completo.

No pares, ¡sigue leyendo!

Pocas semanas después

Amor y amistad

Éramos amigos, la complicidad nos fue acercando cada vez más hasta que ya no hubo retorno. Valeria llegó a mi casa pocas semanas…

Mar adentro en mis ojos

Espíritu

Toco la puerta. Hace frío en mis manos entumidas y las palabras no dichas tuercen mi lengua. Aún de noche, llueve en mis…

Lumínica

Primero fue la imagen

Buscó el vestido que le resaltaba la sonrisa. Se pulió los brazos hasta la refulgencia. Encontró en el espejo sus ojos teñidos en…

Volver arriba