Skip to content

Encallar

Por su espalda se escurre la lluvia. La placa, el golpe, siguiente: de nuevo. Mira –no se sabe si atónito o gozoso– frente a él, y sólo piensa que al otro lado de la catástrofe se asoma una sonrisa. Quizá.

Vacila entre acercarse o rodear la maraña de gente. En el ir y venir de su ansiedad, se asoma como gato cauteloso, como niño inventando lentamente el universo; y tras unas manos agitadas distingue los ojos grises de Octavio, alargando la mirada como telaraña joven, siguiendo cualquier luz que busca su faro.

Pero cada sombra en la que pone los ojos insiste en que las cosas van mal: tiempo es lo que no le queda.

 

Escritor. Lugar común: perfil obsesivo compulsivo, pero es cierto y útil en producción editorial. Editor, traductor, corrector de estilo.

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Tejedor de Almas

Ciudad

El Tejedor de Almas era un ángel demasiado alto, poco luminoso, translúcido, de mirada vaga aunque de dedos precisos. No las hacía en…

Volver arriba