Hay que aferrarse a lo que más se quiere. Eso, y deshacerse de lo prescindible.
Miró su brazo.
Lo cortó.
Se hizo un torniquete:
Resistió a la gangrena.
No pares, ¡sigue leyendo!
Me pediste aquella noche que te despertara cuando saliera de casa. Te vi durmiendo tan tranquila como un ángel que no quise interrumpir…
Voy a encontrarme con un yo que no sé cuándo perdí. Espero aún esa epifanía que ilumina a kilómetros de distancia entre nubes…
Bailemos hasta desaparecer entre el humo de esta habitación sin ventanas. Asfixiémonos lentamente mientras esperamos la madrugada, droguémonos de besos y caricias, sintamos…
Ella era como un sueño, con su cabello liso, rubio, su cara angelical, su piel suave. Eras demasiado tímido como para hablarle, además…