Hay que aferrarse a lo que más se quiere. Eso, y deshacerse de lo prescindible.
Miró su brazo.
Lo cortó.
Se hizo un torniquete:
Resistió a la gangrena.
No pares, ¡sigue leyendo!
Tengo tu rostro tan cerca. Tan cerca que tu aliento entra en mi nariz. Yo miro hacia arriba, sólo está tu cara llenando…
El dolor de espalda perenne. La mala noche. El hombro. Cualquier tiempo para el desayuno: escaso, rayano en nulo. A la mano y…
acá mi boca hija de sonrisas adoptivas acá mi piel de apariciones mi tiritar de niña desvestida allá tu lengua sigue trabando…
Casi siempre, de un tiempo para acá, viste de negro o de gris. Va con los labios rojos encendidos. Su cabello lacio y…