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La caída

“La vida es un viaje en paracaídas
y no lo que tú quieres creer”
-Huidobro, Altazor

No es un ascenso, eso no es. Se asemeja a un salto en el vacío o a un paso que no encuentra tierra firme y es caída al abismo. Sí, ella se anuncia, mientras él se prepara para soltarse y dejarse caer.

La vida no es un ascenso y la muerte es quien se anuncia. Nacemos y empezamos ya a morir lentamente. La vida, en todo caso, si no se quiere creer que es un precipicio que espera hambriento en el fondo ni tampoco una penosa subida como la de Sísifo, será como dice el poeta: “un viaje en paracaídas”. Del cenit al nadir, de cima a sima: es el trazo de la vida. Ese es nuestro destino.

Los vendavales, siempre inminentes, amenazan el vuelo; despedazan nuestras alas y descendemos vertiginosamente hasta que algún motor nos salva de estrellarnos contra las rocas. Y sólo por un tiempo, del que no sabemos su duración, gravitamos y suspendemos  la caída definitiva.

Cada día nos esperan mil muertes. Y así como se multiplican, la batalla se vuelve más enconada. Preciso es resistir a los imanes del oscuro precipicio con mil motores.

Nacemos y empezamos ya a morir lentamente. Vida y muerte corren juntas en el río del tiempo.

Mas es una verdad que en las lindes de la muerte la vida llama con más fuerza.

La vida no es un ascenso, no es un camino al progreso: es un descenso a lo profundo, un viaje de claroscuros.

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Sirocco
Escritor. Sirocco es una agitación, un temblor, viene del desierto y de la mar. Susurra su camino al oído de la arena, allí deja su huella y presagia vida, pues en su camino respira el agua y le regala oleaje. Sirocco es movimiento, grito del silencio, fértil aridez que acoge las voces de todo, animado con su aliento. Así la tinta, como Sirocco en la arena, deja rastro. Sirocco un viento marino que escribe en el papel de las aguas, revela los trazos de la vitalidad, esa sorpresa del ojo ante el resplandor del rayo que penetra la espesura de la tormenta de arena; recuerda que hay que respirar, detenerse, ver y sentir, para seguir… Con la tinta, el barco ancla, se detiene en la mar, y llega a la luz el fondo; a veces, el surco sacude como un temblor y con la fuerza de un naufragio lleva a profundidades oscuras, donde habitan desconocidos seres marinos, terribles e inmemoriales. Sirocco es un nombre para la escritura de agua y arena, un nombre para ese rumor de trazos, en el sendero de la ventisca; Ella es un modo de conciencia, un caudal de sensación que se hace imagen. Por Él, ese viento del desierto, la arena se humedece de sal y la tierra transfigura semillas: magia alquímica, de metamorfosis y transmutaciones.

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