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Cor et Caput

Caput era el rey del Reino de Allá y se distinguía por gobernar con la cabeza. El reino era próspero, lleno de edificios, autos y restaurantes de comida rápida. Los habitantes eran ambiciosos y adictos al trabajo. Construían casas enormes, desayunaban en sus coches y tenían una sed insaciable por «lo mejor». Los niños crecían en guarderías, aprendiendo matemáticas, modales y el valor del patrimonio.

Cor era el rey del Reino de Acá y sus leyes se dictaban siempre con el corazón. Sus tierras estaban llenas de granjas y caballos. Los habitantes trabajaban descalzos y se reunían en fogatas casi todas las noches. Los niños revoloteaban por todos lados, comiendo frutas de los árboles y adoptando cada perro vagabundo que se encontraban.

Todos creían ser felices hasta que los reinos crecieron tanto que sus fronteras fueron la misma y entonces sucedió un fenómeno extraño: las grandes capitales empezaron a vaciarse, la migración a los pueblos fronterizos se hizo evidente en poco tiempo. Cor y Caput no entendían lo que sucedía y cada uno por su lado decidió cortarse la barba, disfrazarse de plebeyo y partir hacia Boca de Lado, un pueblo que, geográficamente hablando, era mitad de Allá y mitad de Acá.

Cor y Caput, disfrazados de turistas, se encontraron en el zócalo del pueblo. Después de aparentar estar perdidos y preguntar por unas direcciones decidieron tomarse un café, luego unas copas, luego ir a cenar, luego tomarse unos martinis en un bar. Después se dieron cuenta de que estaban hospedados en el mismo hotel y decidieron seguir la fiesta en la habitación de Caput.

Tuvieron el sexo más impresionante de sus vidas.

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Diseñadora gráfica e ilustradora del instituto departamental de Bellas Artes de Cali, Colombia. Creo y dibujo cuanta cosa se me ocurre y aquí se las dejo esperando que las disfruten.
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