Mis manos han vivido más que yo. En ellas deposito mi confianza. ¿Si no fue con manos expertas, con qué?/El demiurgo nos moldeó. Recoges la flor hermosa de temblorosos llantos. Entre tus manos la tomas y alzándola dices: «Se abren los pétalos, dejando al descubierto el núcleo de su majestad flor/Porque confían plenamente en la bondad del sol». Si llegara a picarte una abeja el dedo, ¡muérdetelo! Que no te duela que lo tengas inerte. Tras la parábola del arcoíris corre/Donde los dedos del demiurgo chapotearon alegres para darnos color.
Rebil-Coret
Escritor. Se dedica actualmente a hacer sándwiches con el cubre y porta objetos. En el laboratorio analiza muestras de su propia saliva para observar paisajes que luego describe literariamente.
Sed a la deriva
Ayer murió el primero. Creo que más que de sol se murió de angustia, de la lentitud áspera con que pasa el día…
Efectos radiofónicos
La primera vez que Rosendo Laimón devoró a un ser vivo fue después de haber sentido un coraje inconmensurable pero muy natural, tan…
Génesis
—Esto me recuerda otra historia. —¿Qué te recuerda otra historia? —Esto, todo. No sé. Tal vez el color. —¿El rojo? ¿No te parece…




