Saltear al contenido principal

Nada más triste

Con el filo de la navaja sobre su muñeca, Ana cambió de opinión: no iba a matarse, iba a matarlo a él.

Sabía, siempre lo supo, que él no iba a quererla; nada haría que lo hiciera, ni el par de senos de silicón, ni la liposucción en brazos, glúteos, muslos y rodillas. Mucho menos el limado de mentón, el tatuado de cejas o la rinoplastia.

Afuera hacía frío y seguro él estaría con ella royéndole los huesos y tratando de asir, con boca y manos, esas diminutas tetas que a momentos la hacían parecer un efebo, una ninfa casi asexuada.

Ana, fuera de sí, empuñó la navaja y, con el rojo baby doll de encaje que se había puesto para morir, salió a matarlo.

La temperatura había bajado lo suficiente como para comenzar a escarchar los abetos, pero ella no tenía frío: lo sudaba, se sentía asfixiada como por humo de hoguera.

Mientras caminaba imaginó lo que sería morir quemada como las brujas y lo único que pudo visualizar, en un sólo instante en el que cerró los ojos, fueron sus prótesis derritiéndose por el fuego, un espectáculo decadente. Un segundo después yacía boca abajo pegada al hielo.

Loading
Avatar
Escritora. «Larga y ardua es la enseñanza por medio de la teoría, corta y eficaz por medio del ejemplo.» –Anónimo
Ilustrador. Soñó que se caía, pero se agarró de un lápiz.

No pares, ¡sigue leyendo!

La vela

Grasa

No te preocupes hijo, podrá faltar la electricidad, podrá faltar la comida; los hombres podrán tornarse unos contra otros y la obscuridad podrá…

Oblación

Primero fue el texto

Ahí está el círculo de filosofías forjadas y oro opaco, el universo negro de brillos palpitantes. Ahí está, entregado como ofrenda por el…

La sonrisa idiota de los mártires

Comodidad

Las chicas tenemos una horma que nos define, venimos con un rosado laberinto impreso de fábrica, estandarizado por los derroches del creador y…

Volver arriba