En tu gruta kárstica, en tu río subcutáneo, en tu discontinuidad de Lehmann.
En tu corazón de fruta, en tus ojos sésiles, en las muescas de tus manos.
En tus esquinas doblaré mis huecos.
En tus bordes afilaré mis labios.
No pares, ¡sigue leyendo!
Aquella vez estábamos sentados en la escalera y por la ventana entraba un chiflón que nos hizo abrazarnos para no sentir frío, pues…
Vacía la palabra queda Un cráneo de hojas envueltas flota La cruz de hielo de lo que siempre dijimos No quiero ser enterrado…